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lunes, 9 de noviembre de 2009

Sobre el huevo con arroz

Hace ya algunos años, mientras estuve pagando servicio obligatorio en la policía,
acudimos a ayudar a varias familias cuyas casas se habían inundado debido a una
emergencia provocada por las lluvias.

Al llegar, el agua ya había hecho todos los daños en el transcurso de la noche,
y si mal no recuerdo los habitantes de ese barrio de Pereira contaban con
gran desconsuelo que el nivel había llegado hasta las rodillas.
El panorama era poco agradable, ya que sólo quedaban grandes cantidades
de barro en medio de lo que se pudo salvar: electrodomésticos sucios y mojados,
colchones acabados, ropa maloliente y dañada, y un sinnúmero de bienes materiales
totalmente inservibles o perdidos.

Luego de sacar grandes cantidades de barro de una de las casas,
logré notar con gran asombro cómo en medio de todo, la señora de la casa
se dispuso a cocinar para todos los que estábamos adentro, arroz con huevo
(o güevo como cariñosamente lo llamó, lo único que se podía hacer en medio
del desastre y de la pobreza).
Tomamos de sobremesa una gran taza de agua de panela y una gran cantidad
de risas provocadas por los comentarios de los tres habitantes de la casa.

Era increíble observar la alegría de esa gente aún con esa terrible noticia
de despertar en medio de la humedad y la angustia por perder tantos objetos
comprados con el dinero ganado con mucho esfuerzo.

Era increíble que en medio de la tristeza, no se dejaron robar la paz.
Era increíble cómo apreciaban lo poco que les quedaba y alababan a
Dios con sonrisas salidas de su propia tribulación.

Volví en la tarde a mi casa, sucio. Me bañé, me acosté en mi cómoda
cama. Seca. Medité los agradecimientos de aquellas personas,
que hasta el día de hoy puedo comprender, va mucho más allá del
entendimiento que creemos tener cuando no nos falta una comida,
una muda, un trabajo, un amigo, un abrazo, un gesto de cariño...
un destello de Jesús en la tierra.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Daniel y los milagros del Señor

Daniel era un muchacho que no andaba en los caminos del Señor,
pero hasta cierto punto no había llegado tan bajo como otros.

Al ver a su hermano en medio de alcohol y drogas,
decidió ayudarlo de una manera no muy conveniente:
quiso adentrarse en ese mundo para ganar la confianza
de esas personas y así poder convencer a su hermano desde adentro.
La consecuencia obviamente fue que, al contrario de ayudar a su hermano,
terminó sometido por el alcohol y las drogas. Es más, lo tenía como ayudante
en los malos pasos que estaba dando.

Un Ángel enviado por Dios (de esos que le hablan a uno a diario pero que evitamos
escuchar), su novia, lo había estado invitando durante mucho tiempo a un grupo
de oración de jóvenes los viernes en la noche.
Un día cualquiera, luego de tanta insistencia y en medio de una borrachera tremenda,
decidió ir un viernes de Dios (con un tufo impresionante después de haber llegado
a las 3 de la tarde a la casa) a ver qué era eso.
La novia al verlo sonrió, pero al olerlo cambió su cara como si hubiera cometido el peor
de los atropellos. Igual se quedó, en un rincón sentado en un cojín (había unos 200 jóvenes)
según su testimonio.

Al escuchar una canción le pareció bonita: y luego de un rato, con las luces apagadas
y con mucha atención a la letra, empezó a llorar en medio tan sólo de la luz de dos velones
y el amor de Jesús.
Cuando pensaba que no había problema por estar a oscuras, prendieron la luz y
decidieron presentar a las personas que iban por primera vez.
Al tiempo, preguntaban si alguien necesitaba oración y sin darse cuenta ya tenía
su mano levantada en espera de una respuesta.
Una joven se le acercó, puso su mano sobre él y en medio de las oraciones, le dijo:
"Daniel, tú sabes que yo te amo", no una, ni dos, sino tres veces.
Extrañado porque nadie en la tierra le llamaba Daniel (ni siquiera su novia, todos
le llamaban por su segundo nombre), sintió algo en su corazón que lo hizo cambiar.

Al salir del grupo, no tenía tufo, no tenía el típico guayabo ni el viaje producido por
la cocaína. Daniel no volvió a sentir ansiedad por las drogas, reconociendo así
el primer milagro que el Señor hizo sobre él.

De ahí en adelante está al servicio del Señor, llevando su testimonio a donde Jesús
quiere y tocando con las palabras de Dios a todo aquel que lo escucha.

Saben una cosa, yo, Pepe, lo vi (la serenidad de Dios en un persona igual a nosostros), lo abracé (la alegría del Señor en un corazón que quiso escuchar), lo escuché (las palabras de Jesús en un alma abierta a su entendimiento), lo sentí (el amor de Cristo en cada punto del espíritu) y lo olí (profunda sensación a rosas que sólo puede dejar el cariño de nuestra madre, la más grande de todas).

sábado, 26 de septiembre de 2009

Testimonio de Gloria Polo: experiencia de amor luego de morir y volver

Gloria Polo es un milagro vivo del Señor.

Sobrevivió a impacto de un rayo en la Universidad Nacional de Colombia.

Muy interesante y contundente lo que le dijo el Señor
cuando le devolvió la vida:

Ir al testimonio de Gloria Polo

La historia de vida en Cali

Reflexión luego de escuchar una experiencia de vida de una persona bendecida ( como todos nosotros ) que vive en Cali:

Cómo sobrevivir a una diabetes iniciada a los 8 años?
Cómo sobrevivir a la leucemia, luego de la diabetes?
Cómo sobrevivir a problemas en el cerebro, luego de la leucemia?
Cómo sobrevivir con problemas en el cerebro esperando un transplante de corazón?

Sólo, y sólo por la gracia de Dios.
Sólo, y sólo con el amor de Dios se puede sonreir luego de tanta debilidad en el cuerpo.
Sólo, y sólo con el abrazo de Dios se puede vivir 21 años luego de tanto dolor físico.
Sólo, y sólo con el cariño de Dios se pueden ver los regalos que a diario nos dan.

Los problemas no lo son.
Los problemas son ventanas al mundo de la espiritualidad de Dios.
Sólo volviendo a Él seremos capaces de aceptar que estamos bendecidos
desde el mismo momento en que murió en la cruz.